Un mercado de carbono es un mecanismo económico diseñado para poner un precio al dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero (GEI) con el objetivo de incentivar la reducción de emisiones. En esencia, transforma emisiones en un bien comerciable: derechos para emitir (en mercados regulados) o créditos que certifican reducciones o secuestros de carbono (en mercados voluntarios). La lógica es simple: cuando emitir cuesta dinero, empresas y gobiernos tienen un incentivo financiero para invertir en eficiencia, energías limpias y protección o restauración de sumideros naturales.
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De qué manera opera (principios esenciales)
- Sistema de tope y comercio: el regulador establece un límite global de emisiones y reparte o subasta permisos, que pueden ser transferidos entre empresas; aquellas que generen menos emisiones ofrecen sus permisos a quienes superen sus propios niveles. Con el paso del tiempo, el tope se reduce para garantizar una menor cantidad de emisiones totales.
- Mecanismo de cuotas o límites con ajustes: puede adaptarse según el sector e incluye asignaciones gratuitas destinadas a prevenir la fuga de industrias con alta intensidad de carbono.
- Sistemas de crédito (baseline-and-credit): cuando un proyecto logra disminuir emisiones por debajo de una línea base, obtiene créditos comercializables; estos se aplican en mercados voluntarios y, en ocasiones, también en esquemas regulados.
- Comercio internacional de resultados: contemplado en el Acuerdo de París (Artículo 6), autoriza a los países a adquirir resultados de mitigación generados en otros territorios, siempre que se realicen ajustes contables que impidan la doble contabilización.
Tipos de mercados
- Mercados de cumplimiento (regulados): instaurados por autoridades gubernamentales para actividades concretas del sector energético e industrial; incluyen el sistema europeo de comercio de emisiones, los mercados estatales en Estados Unidos y el sistema nacional de China.
- Mercado voluntario: empresas, entidades u particulares adquieren créditos de forma voluntaria con el fin de equilibrar sus emisiones o acreditar neutralidad, e integra iniciativas forestales, programas de eficiencia energética, tecnologías de captura y almacenamiento, entre otras alternativas.
Muestras e información significativa
El sistema europeo de comercio de emisiones (EU ETS) comenzó en 2005. Tras años de precios bajos, la reforma y restricciones en la oferta llevaron los precios a niveles mucho más altos en la década de 2020, superando en varios momentos los 80–100 euros por tonelada de CO2.
El mercado nacional de China se lanzó en 2021, inicialmente cubriendo el sector eléctrico; los precios iniciales fueron modestos (varios dólares por tonelada), y su influencia crecerá a medida que se amplíe su alcance.
Sistemas regionales como California o RGGI (noreste de Estados Unidos) han establecido precios que, por lo general, se han mantenido por debajo de los europeos, aunque presentan enfoques diferentes en cuanto a la asignación y el destino de los ingresos.
Los mercados voluntarios han vivido una expansión acelerada: gestionan miles de millones de dólares y comercializan decenas de millones de créditos cada año, aunque el valor por crédito varía considerablemente, desde apenas unos dólares hasta varias decenas o incluso cientos, dependiendo de su calidad y categoría.
Las emisiones globales de CO2 procedentes de combustibles fósiles rondaban las decenas de gigatoneladas anuales (por ejemplo, alrededor de 36 GtCO2 en años previos a la pandemia), y los instrumentos de fijación de precio cubren una parte significativa pero no mayoritaria de esas emisiones.
Por qué genera polémica
- Integridad ambiental de los créditos: surgen dudas sobre si muchas reducciones acreditadas son reales y adicionales. Adicionalidad significa que la reducción no habría ocurrido sin la financiación del crédito; demostrar esto puede ser difícil. Proyectos cuestionables han generado créditos por reducciones que habrían ocurrido de todos modos.
- Permanencia: especialmente en proyectos forestales y de uso de la tierra, el carbono almacenado puede liberarse por incendios, plagas o cambios de uso, lo que pone en riesgo la durabilidad de la compensación.
- Fuga de emisiones: si actividades intensivas en emisiones se trasladan a jurisdicciones sin precios de carbono, las reducciones locales pueden no traducirse en reducciones globales.
- Doble contabilización: sin mecanismos contables sólidos entre países o actores, una misma reducción puede ser reclamada por comprador y vendedor, dificultando la integridad agregada de los compromisos climáticos.
- Desigualdades y derechos humanos: algunos proyectos, sobre todo en tierras comunitarias o territorios indígenas, han sido asociados a desalojos, restricciones de acceso a recursos o falta de consulta previa, generando conflictos sociales y éticos.
- Greenwashing corporativo: empresas anuncian metas de “neutralidad” apoyadas principalmente en compras de créditos en lugar de reducciones internas sustantivas, lo que puede retrasar transiciones reales hacia emisiones netas más bajas.
- Precios insuficientes y volatilidad: precios de carbono demasiado bajos no incentivan descarbonización profunda; por el contrario, niveles altos y volátiles pueden causar incertidumbre para inversión en tecnologías limpias.
- Diseño regulatorio y rentas inesperadas: asignaciones gratuitas o fallos de diseño han generado rentas significativas para algunos sectores sin reducir emisiones (por ejemplo, beneficios inesperados para empresas que reciben permisos y elevan precios al consumidor).
- Commodificación de la naturaleza: hay una crítica filosófica y ética sobre convertir bosques, suelos y prácticas tradicionales en mercancías vendibles, con riesgos para biodiversidad y modos de vida locales.
Ejemplos representativos
- El mecanismo de desarrollo limpio (MDL) vinculado al Protocolo de Kioto generó críticas por proyectos con créditos de dudosa adicionalidad; entre ellos, hubo escándalos relacionados con gases industriales donde se creó un exceso de créditos y colapsaron precios.
- Proyectos de reducción de emisiones en bosques (REDD+ y otros) han mostrado resultados mixtos: algunos han protegido grandes áreas y generado ingresos comunitarios, mientras que otros han sido señalados por no respetar derechos territoriales y por riesgos de reversión (pérdida del carbono por incendios o tala).
- En algunos mercados regulados, la asignación inicial de permisos gratuitos benefició a industrias intensivas en carbono y dejó a consumidores finales pagando costes indirectos, lo que provocó debates sobre equidad y diseño de políticas.
Reformas y respuestas para mejorar la credibilidad
- Optimizar métricas y procesos de verificación: se impulsa una aplicación más rigurosa de los sistemas de medición, reporte y verificación (MRV), junto con una transparencia metodológica mucho más amplia.
- Normas de adicionalidad y permanencia: se plantean parámetros más estrictos y mecanismos de reserva que puedan cubrir posibles riesgos de reversión en iniciativas basadas en ecosistemas.
- Ajustes contables entre países: su finalidad es impedir cualquier doble conteo en operaciones internacionales, siguiendo lo establecido dentro del marco del Acuerdo de París.
- Prioridad a la reducción interna: se promueven políticas que impulsen recortes efectivos en el origen y restrinjan la dependencia de créditos para cumplir metas climáticas esenciales.
- Protección de derechos y participación: se incorporan salvaguardas orientadas a comunidades locales e indígenas, garantizando consultas adecuadas y una distribución justa de beneficios.
- Estándares de integridad: diversas iniciativas del mercado voluntario han delineado principios y listados de créditos catalogados como “de alta integridad” para guiar adquisiciones corporativas responsables.
Los mercados de carbono representan instrumentos potentes para impulsar la disminución de emisiones con un enfoque rentable, aunque su verdadera efectividad está condicionada por el diseño institucional, la solidez técnica de los créditos y la gobernanza social que los sustenta. Sin criterios rigurosos, mecanismos de transparencia y resguardo de derechos, pueden transformarse en sistemas que prolongan las emisiones, provocan desigualdades y frenan los cambios imprescindibles. A la vez, cuando están bien regulados y respaldados por políticas públicas ambiciosas, pueden promover inversiones en energías limpias y en la protección de paisajes, siempre que se priorice la reducción auténtica y duradera de los gases de efecto invernadero y la justicia climática.
